Este reflejo provoca que el bebé, estando tumbado boca arriba, extienda el brazo y la pierna del lado hacia el que gira su cabeza. El brazo y la pierna del lado contrario se mantienen flexionados. También se denomina a este reflejo “de espadachín” porque la postura del niño lo recuerda.
Este reflejo ayuda al bebé a nacer y el parto, a su vez, hace que se refuerce este reflejo y su evolución sea la correcta.
Estos movimientos son homolaterales, es decir, que se mueve cada mitad del cuerpo independientemente de la otra y estimula los dos hemisferios por separado.
Los movimientos que hace el niño para integrar este reflejo hacen que el cuerpo y el cerebro empiecen a actuar conjuntamente como una unidad y preparan su visión binocular y también la habilidad para seguir con sus ojos objetos en movimiento.
Debería estar integrado a los seis meses de edad. En caso contrario puede dar lugar a:
- Problemas visuales: movimientos pobres de seguimiento ocular, especialmente en la línea media, generando dificultades en la lectura y escritura, problemas de enfoque, deficiente visión binocular con tendencia al estrabismo.
- Dificultades perceptuales-visuales, especialmente en representación de figuras geométricas.
- Problemas de coordinación ojo-mano dificultando el control de la mano y brazo al escribir.
- Movimientos homolaterales, en lugar del modelo de marcha cruzada normal.
- Equilibrio afectado por el movimiento de la cabeza.
- Lateralidad confusa.
- Dificultades para cruzar la línea media.
Escritura pobre y mala expresión de ideas sobre el papel.
